Con frecuencia acostumbramos a valorar cuáles son los principales factores de riesgo que aparecen en el contexto de la conducta suicida, con un afán de prevención y de anticipación al desenlace. No obstante, es esencial conocer también cuáles son los factores protectores, aquellos agentes que actúan a favor de la desescalada en la conducta. Los factores principales se dividen en internos y externos, destacando los siguientes:
- Internos:
- Habilidades de comunicación.
- Estrategias de afrontamiento adecuada.
- Rutinas saludables: hacer deporte con frecuencia, alimentación saludable, buena higiene del sueño, etc.
- Importancia de valores como el respeto, la amistad o la cooperación.
- Nivel adecuado de autoestima y autoconcepto.
- Externos:
- Red de apoyo familiar y de iguales.
- Especialmente en mujeres, tener hijos.
- Adecuada integración en la comunidad.
- Recibir una adecuada atención profesional de la salud mental.
Aunque estos factores no eliminan todas las posibilidades de cometer un acto suicida, su conocimiento y potenciación puede ser una herramienta contundente para favorecer la prevención de una problemática tan grave como compleja.
