El término “autolesión” no está exento de cierta controversia. Si atendemos a la literatura científica existente al respecto el baile terminológico parece no tener fin. Así, podemos encontrarnos con “self-injury”, “self-harm”, “self-mutilation”, “self- agression” o “self-destructive behaviors”, entre otros.
Según el investigador, el concepto varía y esto sin duda no es positivo. Por esta razón, la American Psychiatric Association estableció dentro de la última revisión del manual de diagnóstico psiquiátrico más ampliamente utilizado en todo el mundo, el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), un término unificado para hablar de autolesión: “Non Suicidal Self-Injury” o NSSI. Esta controversia parece zanjada al menos en la literatura científica de habla inglesa. En castellano, el trastorno se denominó “Autolesión no Suicida”, pese a lo cual continúa siendo frecuente ver aparecer diversos nombres en torno a estos actos.
Algunos de los términos que suelen aparecer son “automutilación”, “comportamiento autodestructivo”, “autodaño”, “flagelación” o “autoagresión”. El término autolesión abarca de manera adecuada todas las posibilidades de acción y evita en lo posible el acto del estigma. No obstante, continúa habiendo cierta controversia entre este concepto y el de “parasuicidio”, que se define como “todas aquellas conductas suicidas que no tienen un desenlace fatal, con independencia de la intencionalidad y del grado de letalidad de las mismas”.
Esta definición abarca entonces una amplia panoplia de conductas, que van desde la tentativa de suicidio al suicidio frustrado o la autolesión. Pese a que una simple comparativa entre ambos conceptos deja claro que no se está hablando de lo mismo, son todavía frecuentes los estudios e investigaciones que así lo expresan.